35 años de la muerte del célebre sociólogo y filósofo Herbert Marcuse

Herbert Marcuse, Sociólogo y Filósofo Alemán

Hace 35 años falleció el conocido filósofo y sociólogo Herbert Marcuse, una de las figuras más destacadas de la Escuela de Frankfurt.

Nacido en Berlín, sirvió como soldado en la primera Guerra Mundial y participó en la revolución alemana de noviembre de 1918. Comenzó estudiando literatura y posteriormente se dirigió a Friburgo para asistir a las clases de filosofía impartidas por Heidegger, donde completó sus estudios obteniendo el grado de doctor en 1922.

En enero de 1933 con el ascenso al nazismo que no pudo ser impedido por la clase obrera alemana,  se vio obligado a revisar sus teorías, al igual que a Adorno y otros estudiosos. Debido a las dificultades para continuar con el proyecto bajo el régimen por su condición de judío, Marcuse emigró a Suiza donde se convirtió en un destacado teórico de la Escuela de Frankfurt. En la época posterior a la  guerra, fue el miembro más políticamente explícito e izquierdista. En 1952 inició una carrera docente como filósofo y político en prestigiosas universidades estadounidenses. En los últimos años de su vida se convirtió en una de las figuras de la historia cultural contemporánea que más controversias ha suscitado.

Finalmente falleció el 26 de julio del año 1979, después de haber sufrido una apoplejía durante una visita a Alemania.

LINEAS GENERALES DEL PENSAMIENTO

Marcuse afirma que en las sociedades capitalistas “tardías”, la racionalidad instrumental se desarrolla más en sentido represivo que emancipatorio.

“De acuerdo con el pensamiento freudiano, la civilización surge en contradicción con los instintos primarios y con el principio del placer, sometiendo a los instintos humanos. La libre gratificación de las necesidades instintivas del ser humano sería, entonces, incompatible con la civilización, pues ésta tiene como requisitos la postergación y la renuncia a la satisfacción.”

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En su obra “Eros y civilización” intenta realizar una síntesis entre el pensamiento de Marx y el de Freud. La contradicción entre Eros y Tánatos no tiene por qué desembocar inevitablemente en sistemas opresivos. En el inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de una sociedad que se fundamente en la liberación de los instintos.

Para Marcuse, la formación de la conciencia humana está en la niñez, tal como se vive en el interior de la familia. En esta etapa, se adquieren categorías normativas y marcos de referencia para enfrentar el mundo. Lo que la sociedad industrial moderna ha modificado es precisamente ese ámbito familiar. La sociedad alienante se ha introducido a través de los medios de comunicación de masas, reemplazando a la familia, y formando a los hombres con categorías que no provienen de él mismo, sino del capitalismo.

Las necesidades del ser humano (así como sus anhelos, sueños y valores)  han sido producidas por la sociedad, y de esa manera la propia sociedad ha asimilado dentro del sistema cualquier forma de oposición. En este punto está la principal diferencia entre la alienación que describe Marx y la que describe Marcuse. Mientras en Marx la alienación está focalizada a la producción material, donde al ser humano se le arrebata el valor producido con su trabajo, en Marcuse la alienación está enfocada en la conciencia misma del ser humano moderno, y por tanto no hay forma alguna de escapar a la coacción.

En las décadas de los ’50 y ’60, la Escuela de Frankfurt, y en particular Marcuse, señalan la existencia de un nuevo sujeto revolucionario relativamente independiente del proletariado

“La transformación real está en manos de la clase obrera, una clase que en la situación actual de los Estados Unidos no es revolucionaria, porque la prosperidad económica hace que no esté dispuesta a participar en acciones revolucionarias. Esto sin duda no siempre será así. Un Estado capitalista, con su prosperidad y su pleno empleo, es inimaginable a la larga. El concepto “revolución” –según Marcuse- corresponde a la sociedad pre-industrial o pre-tecnológica. Para que haya revolución es necesario que exista la necesidad vital de revolución. La revolución nunca se dio en una nación desarrollada, porque no hay depauperizacióin material, y la depauperización cultural es tolerable si no se produce la material. La situación de los países del Tercer Mundo es otra.”

En tanto el sistema existente satisface las necesidades y facultades del hombre mejor que en otras épocas, el cambio social no se ve como tan necesario. La confianza en una sociedad que satisface las necesidades y deseos del hombre es una tendencia que se opone al cambio cualitativo, es decir a la revolución.

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