SOCIOLOGÍA Y CINE. Nº2: Un análisis psicosocial de Batman, El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008)

En este nuevo número de Sociología y Cine vamos a analizar la película “Batman: El Caballero Oscuro” (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) desde una perspectiva psicosociológica. Para ello nos detendremos en algunas escenas de la misma y trataremos de comprender su relación con algunas de las aportaciones realizadas por esta disciplina. Partiremos de la premisa de que, en la línea del estilo de su director Christopher Nolan, se trata de una crítica encubierta al sistema de orden de la sociedad actual.

Joker

 

1. El dinero como elemento del orden establecido

 

Desde el principio de la película, el dinero se presenta como el principal elemento del orden. En la primera escena se produce el robo de uno de los bancos de la mafia, un robo en el que los mismos asaltantes desconocen que entre ellos se encuentra el líder del grupo: el hombre de la sonrisa eterna, el Joker. Con la promesa de obtener más beneficios entre unos pocos, el Joker les ordena traicionarse, asesinándose unos a otros con la finalidad de repartir entre menos el botín. Finalmente, el Joker asesina al último de sus cómplices y escapa en un autobús escolar. En este sentido, el ansia por ganar más dinero a costa de los demás es la causa de la ruina de todo el grupo. Sin embargo, lo que llama la atención es lo que decide hacer con ese elemento que representa la riqueza: quemarlo.

 

Por lo tanto, el Joker no pretende enriquecerse. Él mismo dice que tiene más categoría de lo que pueda representar el propio dinero y deja entrever desde el primer momento que su verdadera intención es desenmascarar lo absurdo de los elementos que establecen el orden de nuestra sociedad.

2. La doble moralidad y la elección por interés

  • ¿El Joker capturado?

La cuestión de la moralidad, el bien o el mal, lo correcto y lo incorrecto, se presenta a lo largo de toda la película y el Joker se dedica a demostrar al mundo que todas las personas pueden corromperse, que todo el mundo tiene un precio, ya sea por intereses monetarios (como los atracadores o la mafia), ya sea por miedo (como los policías corruptos) o por amor (como le ocurre al propio Batman). Esta situación se le presenta a nuestro protagonista en la escena de la comisaría en la que (aparentemente) el Joker ha mordido el anzuelo de Batman y Gordon, durante el interrogatorio el villano revela que Dent y su novia Dawes han sido secuestrados y llevados a lugares opuestos de la ciudad donde permanecen encerrados en almacenes repletos de explosivos. En ella se muestra que el objetivo del Joker es poner a Batman en un debate de doble moralidad en el que debe decidir a cuál de los dos salvar, si a la mujer de su vida o al fiscal que personifica la lucha contra la mafia.

Así, la estereotipada figura del superhéroe capaz de salvar a la humanidad entera ha sido vencida, ya que por sentimientos decide salvar a Dawes en lugar de al fiscal. Sin embargo, la maldad del Joker va más allá de la mera elección entre dos posibilidades, pues, sabiendo que la elección del héroe iba a ser salvar a la chica, les mintió cuando les comentó en qué lugar estaba cada uno, de modo que Batman llega a tiempo para salvar a Dent en lugar de su amada, quien muere en la explosión tras haberle dicho a Dent vía telefónica que aceptaba casarse con él en lugar de Bruce Wayne.

  • La amenaza desata el caos en la ciudad: la escena del hospital

Continuando en esta línea de análisis sobre la doble moralidad y el verdadero trasfondo del Orden y el Caos, hemos querido detener nuestra atención en la escena del hospital. Esta se produce como consecuencia de que un empleado de Empresas Wayne ha descubierto que su jefe Bruce Wayne es en realidad Batman. Tras fracasar en un intento de chantajear a Fox (Morgan Freeman) y no revelar la información, aparece entrevistado en televisión para seguir con su plan. Este hecho es interrumpido por un mensaje del Joker en televisión en el que anuncia que si este empleado no es asesinado en menos de 60 minutos, él mismo volará alguno de los hospitales de la ciudad, continuando así con su juego de la doble moralidad. Una vez más, ahora bajo el poder de la amenaza, el Joker consigue parcialmente su objetivo desatando el caos en Gotham City, por lo que la tarea de Batman será la de salvar la vida del empleado, mientras que el comisario Gordon y la policía tendrán que salvar la vida de la gente en los hospitales en una “colaboración mano a mano” para mantener el orden social. Finalmente, el Joker no consigue que maten al empleado de industrias Wayne, por lo que decide volar el hospital.

Curiosamente, en el Hospital General de Gotham, se encuentra ingresado el Fiscal Harvey Dent, que recibe la visita del Joker disfrazado de enfermera para transformarlo en Dos Caras, convenciéndole para que lleve a cabo una misión de venganza y “justicia” para castigar a los corruptos policías y mafiosos que los colocaron a Dawes y a él en los almacenes, así como contra Batman y Gordon, por no ser capaces de salvarla. De este modo, el fiscal Harvey Dent, “el caballero blanco”, el héroe con rostro que también defendía “el lado del orden” se pasa a “el lado del caos” entrando a formar parte del juego del Joker.

Desde un punto de vista psicosocial, podemos relacionar estas escenas con la Teoría de la identidad de Tajfel sobre el grupo mínimo. Este autor en sus experimentos quería determinar cuáles son las condiciones mínimas necesarias para que una persona se sienta miembro de un grupo y se diferencie de un exogrupo. Según Tajfel, los resultados demostraron que la diferenciación intergrupal no es producto de un conflicto de intereses, tal y como había sugerido previamente Sherif, sino de la necesidad que la persona tiene de dar significado a la situación intergrupal, de tal forma que la identidad social se vea fortalecida, en nuestro caso la identidad del fiscal “con el grupo del caos” una vez se siente traicionado por “el grupo del orden”. Por ese motivo se maximizan las diferencias entre los grupos, o se crean diferencias que pueden no existir pudiendo pasar de un extremo a otro.

La teoría de la identidad social pretende explicar la tendencia de la personas a favorecer a miembros de un grupo incluso en situaciones en las que no existe el conflicto con otros grupos. La persona favorece a su grupo y discrimina a otros grupos porque con ello su identidad se ve fortalecida, como el caso del Joker, cuyos argumentos van dirigidos a la Justificación del Caos, o el caso de Batman, cuyas actuaciones van dirigidas a la Justificación del Orden, a pesar de que puedan resultar perjudiciales para la población.

Según Tajfel, la conducta social puede ser descrita utilizando un continuo, que va desde el extremo puramente interpersonal hasta el extremo puramente intergrupal. En el primer caso, el comportamiento está determinado exclusivamente por las características individuales y las relaciones personales entre los individuos. En el extremo intergrupal, toda la conducta mutua está determinada por la pertenencia de las personas a distintos grupos.

Todas las situaciones sociales pueden ser situadas en algún punto de este continuo, y la conducta de las personas se verá influida por lo cerca de los extremos que perciban la situación. Cuando los miembros de un grupo creen que no hay alternativas para lograr una identidad social positiva, pueden redefinir los valores con los que juzgan a los grupos con los que se comparan, como le ocurre al fiscal Harvey Dent a raíz de su experiencia con el grupo al que pertenecía.

«A nadie le entra el pánico cuando todo va según lo previsto, aunque lo previsto sea terrible. Si mañana le dijera a los medios que se van a cargar a un violador o que un transporte de tropas va a volar por los aires… a nadie le entraría el pánico: porque todo iría según lo previsto. Pero cuando digo que un simple alcalde va a morir, ¡entonces la gente se vuelve loca!» El Joker.

  • ¿Qué hacer cuando un ‘ loco’ te amenza? La escena de los barcos.

Por último, hemos querido detener nuestra atención en el momento más comprometido para los espectadores: la escena de los dos ferrys. En sus propias palabras, el Joker «ha descontrolado la ciudad de Gotham con un bidón de gasolina y un par de balas», y ha anunciado que quien no huya de la misma estará bajo su mandato. Como medida de urgencia, el Departamento de Policía decide cerrar el paso a todas las vías de la ciudad, quedando como opción sacar a la población en dos ferrys, uno para los ciudadanos comunes y otro para los presos custodiado por policías. Sin embargo, esta idea también forma parte del plan del Joker y nada más salir del muelle descubren que cada barco está lleno de explosivos y cuentan con un dispositivo para hacer explotar el otro barco. El Joker sugiere a ambos grupos que, si quieren salvar sus vidas, han de hacer explosionar la otra embarcación, creando de nueva una doble moralidad sobre si es legítimo arrebatar la vida de otras personas para salvar tu vida, a qué precio y hasta qué punto. Asimismo, pretende demostrar una vez más a Batman, máximo representante del orden, su teoría sobre la sociedad, que se resume cuando expone en la siguiente frase:

«Su moralidad, su ética… es un chiste sin gracia. Lo abandonan en cuanto huelen un problema. Solo son tan buenos como el mundo les permite ser. Te lo mostraré. Cuando las cosas se tuerzan, estas… personas civilizadas… se comerán entre ellos» El Joker.

  • Qué hacer ante la amenaza, por Rafael González Fernández, Prof. Psicología Social

Esto nos recuerda a un práctica intergrupal que propone Rafael González Fernández, Profesor del departamento de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, durante los ejercicios de prácticas en sus clases. Se trata de una práctica de toma de decisiones en la que unos atracadores-secuestradores entran en una sucursal bancaria y dicen, a todos los presentes, que si en 15 minutos no proponen a una persona para que se asesinada, les matarán a todos.

La práctica consiste en que los alumnos y alumnas del aula se dividan en subgrupos y a cada uno se les asigna un rol de rehén como los que se enuncia a continuación:

  • Un estudiante de Erasmus acusado de violación en su país pero que había sido puesto en libertad por falta de pruebas y va al banco a pagar la matrícula de la universidad.
  • Un hombre infiel reincidente que acude al banco para renegociar la hipoteca de su vivienda donde vive con su mujer en paro.
  • Un mendigo que va al banco para pedir dinero.
  • Una asistenta boliviana que acude al banco para hacer una trasferencia a su madre y sus cinco hermanos con el dinero robado a la anciana convaleciente a la que cuida.
  • El director del banco que es racista y homófobo, viudo y con 3 hijos pequeños.

Difícil decisión … ¿qué haríais vosotros?

¿Quién creéis que es más lógico que elijan?

[El profesor propone que en la mayoría de los casos sean personas que moralmente deban salvarse pero que tengan algún lado “malvado”, para que la decisión no sea tan fácil].

Los y las estudiantes deberán entonces decidir quién debe morir antes de 15 minutos o serán todos asesinados. Curiosamente, en la mayor parte de las veces que se realiza esta práctica, el resultado de esta práctica suele dar como resultado que decidan matar al mendigo o al director del Banco, las opciones más opuestas de la población del banco. Pero lo realmente preocupante es que los alumnos no tengan ningún problema a la hora de escoger quién debe morir, eligiendo por supuesto siempre a otro personaje que no les haya tocado a ellos.

Sin embargo, como en el caso de la película de Batman, el consejo del Profesor González es que lo correcto sería no entrar en el juego de los atracadores-secuestradores, pues si acabas haciendo lo que te ordenan pasarás a ser complice de su delito. Incluso, González sugiere que (a ser posible) los amenazados se revelen e intenten quitar las armas a los atracadores.

Siguiendo a Darley y Latané (1968) tanto en el banco como los ferrys de la película se produce la difusión de la responsabilidad en el que el Joker anula la teoría de la bondad humana, puesto que la gente es partidaria de que se explote el otro barco a pesar de que nadie tiene la valentía de accionar el dispositivo que lo hace efectivo.

El Joker quiere demostrar cómo los ciudadanos civilizados pueden corromperse y justificar la violencia contra otros grupos sociales, amparándose en el voto democrático para justificar el terrible acto de asesinar a otros seres humanos.

Seguramente, al igual que en el experimento del banco, lo correcto sería revelarse contra el sistema establecido, en este caso contra “el plan del Joker” para, independientemente del resultado final, cumplir con la obligación moral de cada uno, ya que no es ético catalogar como “malo” algo de lo que se es cómplice. Es decir, extrapolando esto al sentido de nuestra sociedad en la que siguiendo la premisa hobbiana de que “el hombre es un lobo para el hombre”, los planes del Joker dejarían en evidencia la falta de solidaridad actual puesto que solo somos tan buenos como nos permiten ser.

Finalmente, en la película se presenta el triunfo del bien sobre el mal, la moralidad por encima de los intereses egoístas, dado que nadie se atreve a ser la persona que aprieta el botón. No obstante, si repetimos la práctica intergrupal como la que propone el profesor Rafael González, seguramente nos encontremos que los alumnos/as no tienen ningún impedimento moral en decidir quién es la mejor opción para que sea asesinado y así salvar a la mayoría.

El bien y el mal; la justicia y la corrupción; la moralidad frente al mal menor… Una reflexión del trasfondo de la película que da que pensar… ¿no creéis?

Post redactado por:

Carlos Astudillo
Becario de Investigación
Fundación iS+D para la Investigación Social Avanzada

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