EL PARO EN ESPAÑA: ¿UNA APUESTA POR VALORES EQUIVOCADOS?

Los últimos datos de la encuesta de población activa revelan unas cifras escalofriantes de paro en España: 26,02%, y en el caso de los menores de 25 años supera el 55%.

Las últimas noticias es que los líderes europeos, encabezados por la Sra. Merkel, manifiestan su preocupación ante estas cifras. La cuestión reviste gran importancia porque dichos líderes no han parado de proclamar a los cuatro vientos la necesidad de ajustar el déficit español por encima de cualquier cosa, es decir, por encima de las personas y de su derecho al empleo.

Ahora se asustan del desastre que se está viviendo en España, cuyo tejido productivo estaba basado fundamentalmente, además del turismo, en la construcción y en las inversiones públicas de diversa índole. Dos sectores que se han desplomado estrepitosamente. La pregunta es: ¿cómo pensaban que dejando de invertir el Estado se iba a conseguir paliar el déficit?, y, sobre todo, ¿a qué precio en caso de que se consiguiese?

Urge cambiar los valores sociales imperantes: el culto a la economía y la competitividad; y sustituirlos por los grandes principios por los que se luchó en los dos siglos pasados: libertad, solidaridad, igualdad, pacifismo, cooperación, sostenibilidad, respeto, tolerancia y un fuerte sentido comunitario, al mismo tiempo que se fomenta la creatividad, la innovación y el espíritu crítico. Si estos principios se incorporan a la estructura productiva y a la economía, ésta cumplirá su principal función: contribuir al desarrollo social sostenible. Mª Jesús Rosado Millán

 

Está claro que la inactividad del sector público ha llevado al cierre a multitud de empresas, y con ellas, a multitud de personas que no tienen actividad en la que ocuparse, máxime cuando hay potentes obstáculos para que se emprenda en nuestro país:

  • Uno: la nula incentivación de actividades productivas diferentes de la construcción o los contratos públicos. Por muy emprendedor que se sea, si no se dispone de recursos es prácticamente imposible crear nuevas empresas.
  • Dos: la falta de formación en nuevas actividades productivas, sobre todo para aquellas personas provenientes de sectores poco o muy poco cualificados.
  • Tres: una cultura empresarial pobre en valores sociales y comunitarios basada en la idea de enriquecimiento rápido y no en el ofrecimiento de bienes y servicios a la comunidad. Ello ha dado lugar a una desprofesionalización de los trabajos y a una creciente desmotivación de los trabajadores que no se sienten implicados con la empresa en la que trabajan, a sabiendas de que su permanencia en dicha empresa será muy corta. El resultado es la falta de competitividad de las empresas españolas. Una cultura empresarial que demuestra un gran desprecio por el cliente, porque no se puede prestar un buen servicio sin fidelizar a los trabajadores, sin tenerlos satisfechos y motivados, lo que incide en la disminución de un consumo ya maltrecho de por sí, debido a la disminución del poder adquisitivo.
  • Cuatro: el sistema educativo español basado en la memoria y no en la racionalización de contenidos, que no fomenta el espíritu crítico, que penaliza la innovación y la creatividad por aquello de que va en contra del “status quo”, lo que dificulta la generación de un espíritu emprendedor necesario para la creación de nuevas empresas. Emprendimiento que es bien difícil de llevar a cabo, pues los impuestos gravan por igual a cualquier empresa, sea nueva, pequeña o grande, carga impositiva que no contempla deducciones a la seguridad social por tamaño y facturación. ¿Cómo va a pagar una microempresa que difícilmente se sostiene un 35% a la seguridad social por cada trabajador? Esto hace que la economía sumergida esté a la orden del día.

Que ahora los líderes europeos se rasguen las vestiduras parece una tomadura de pelo, y que en España se vendan las políticas enfocadas únicamente al control del déficit para dar gusto a estos líderes es grave, políticas que han asfixiado a un país, que si no se ha derrumbado es gracias al tejido familiar que está aguantando el tsunami como buenamente puede. Es grave.

Por eso urge cambiar los valores sociales imperantes: el culto a la economía y la competitividad; y sustituirlos por los grandes principios por los que se luchó en los dos siglos pasados: libertad, solidaridad, igualdad,  pacifismo, cooperación, sostenibilidad, respeto, tolerancia y un fuerte sentido comunitario, al mismo tiempo que se fomenta la creatividad, la innovación y el espíritu crítico. Si estos principios se incorporan a la estructura productiva y a la economía, ésta cumplirá su principal función: contribuir al desarrollo social sostenible.

Logo cuadrado SIN borde peqMª Jesús Rosado Millán – @MJesusRosado
Presidenta de la Fundación iS+D

Fuente:

  • Imagen 1 INEM: http://www.noveldadigital.es/noticia.php?n=13076

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